¿Por dónde empezar?

He aquí una pregunta frecuente en quienes se interesan en adentrarse en la transformación de su estilo de vida. Y para quienes ya llevan un tiempo dando pasos, la pregunta puede ser: ¿qué es lo primordial, lo prioritario, lo más importante que hay que tener en cuenta? Las respuestas variarán siempre de unas personas a otras. Aquí va un doble consejo.

Empezar 180He aquí una pregunta frecuente en quienes se interesan en adentrarse en la transformación de su estilo de vida. Y para quienes ya llevan un tiempo dando pasos, la pregunta puede ser: ¿qué es lo primordial, lo prioritario, lo más importante que hay que tener en cuenta? Las respuestas variarán siempre de unas personas a otras. Aquí va un doble consejo.

Empieza por lo que más te motive. Aquello para lo que te sientas más motivado y capacitado. Todo es importante y no podemos atender todos a todo. ¿Por dónde empezar? Por aquello en donde te sientas más “en tu salsa”. Puede ser la alimentación, o la denuncia de las injusticias, o la acción compasiva, o la espiritualidad… Siente cuál es tu ámbito de contribución, el tuyo, aquel en el que notas que te vuelcas con menor esfuerzo, porque te brota de dentro. Será seguramente también el ámbito donde tienes más que aportar y en el que tu acción fluirá más naturalmente. Pregúntale a tus entrañas y a tu corazón, no solo a tu cabeza. Esto supone también empezar por soñar, por identificar tus sueños, tus “fueguitos”, y cultivarlos. Síguelos. Es la mejor manera de asegurar que cuando lleguen las dificultades y las flaquezas puedas aferrarte a ellos.

Empieza por tu ritmo de vida (aunque no sea lo que más te motive ni lo que consideras más fácil). Es algo primordial, sobre todo para quienes vivimos en ambientes urbanos y acelerados. Simplifica tu vida, tu agenda, tus compromisos. No rellenes todo tu tiempo con actividad. Deja “zonas verdes” en tu jornada, en tu semana, en tu trimestre. Sin quedarte en buenas intenciones: empieza por algo práctico, concreto. Sé capaz de introducir cambios estructurales y hábitos regulares en tu ritmo de vida, que te fuercen a pararte y ser consciente.

Y, particularmente, practica el silencio un rato al día, a la semana, en momentos regulares. Un tiempo para intentar dejar de pensar y centrarse en la respiración, en la propia sensación corporal, en la percepción de los sentidos. Aunque no lo consigas; el hecho de intentarlo ya es positivo. El primer paso para ser conscientes es serlo de nuestra propia realidad corporal. Si no empezamos por esto ¿cómo vamos a ser conscientes de las repercusiones de nuestra forma de vida? Más aún: procura llevar una vida “silenciosa”, evitando añadir más ruido al ruido ambiental. Renuncia a la distracción y aturdimiento que supone la televisión y el uso abusivo e invasivo de internet. Puedes estar suficientemente informado (y seguramente mejor) sin ver telediarios de lo que pasa en el mundo y de por qué pasa lo que pasa. No enciendas la tele simplemente para relajarte y entretenerte; si lo necesitas, busca otras formas de hacerlo. No siempre es fácil, pero es fundamental para poder llevar una vida consciente.

Empezar por aquí te ayudará a cultivar los dos ámbitos primordiales en la conversión de nuestro estilo de vida: el cultivo de la espiritualidad-interioridad y el cultivo de la compasión-sensibilidad por el sufrimiento ajeno. Todo lo demás viene a continuación.

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