Radicales sin radicalismos

Radicales sí. Lo que nos traemos entre manos es muy serio. Que nuestra manera de comportarnos esté causando sufrimiento a otras personas no es algo para banalizar. Pero dejemos los radicalismos, los fundamentalismos y, en general, las posturas extremas contraproducentes.

Esta es una oferta para todos, no solo para héroes. Se trata de que todos vayamos cambiando, cada uno desde donde está y hasta donde puede, apoyándonos y estimulándonos unos a otros. Los radicalismos muchas veces tienden a asustar y a ser rechazados. Dejemos las posturas extremas para esas personas (que las hay) que han hecho la opción de centrarse con radicalidad en un aspecto determinado. Fijémonos en ellas en la medida en que su comportamiento nos orienta y nos pone en tensión hacia ese valor, pero asumamos que, en nuestra situación, no podemos imitarlas hasta ese grado de intensidad.

Carmela

Radicales sí. Lo que nos traemos entre manos es muy serio. Que nuestra manera de comportarnos esté causando sufrimiento a otras personas no es algo para banalizar. Pero dejemos los radicalismos, los fundamentalismos y, en general, las posturas extremas contraproducentes.

Esta es una oferta para todos, no solo para héroes. Se trata de que todos vayamos cambiando, cada uno desde donde está y hasta donde puede, apoyándonos y estimulándonos unos a otros. Los radicalismos muchas veces tienden a asustar y a ser rechazados. Dejemos las posturas extremas para esas personas (que las hay) que han hecho la opción de centrarse con radicalidad en un aspecto determinado. Fijémonos en ellas en la medida en que su comportamiento nos orienta y nos pone en tensión hacia ese valor, pero asumamos que, en nuestra situación, no podemos imitarlas hasta ese grado de intensidad.

Radicales sí. Pero sin dejar de ser felices. Es bueno y sano de vez en cuando aflojar las manos del volante y tomarse un respiro, relajarse un rato y disfrutar de un exceso. Esos momentos puntuales son compatibles con un comportamiento globalmente orientado a una vida consciente y responsable. Recordemos que es imposible ser 100 % coherente en todos los ámbitos de la vida.

Por eso, evitemos dramatizar o culpabilizarnos estérilmente. Es verdad que somos corresponsables de muchas de las cosas que pasan en el mundo. Y una cierta mala conciencia por todo eso es bueno para sacudirnos, movilizarnos y convertir nuestra conducta. Pero cuando la “mala conciencia” en lugar de movernos al cambio nos hunde, nos paraliza y nos deprime, entonces ni nos ayuda ni puede servir de ayuda (seguramente seamos nosotros los que en ese caso necesitemos ayuda…).

Y un apunte más: pongamos en todo una cierta dosis de humor. Contribuirá a tomarnos la vida con espíritu alegre y a afrontar con optimismo las dificultades. Nos ayudará también a relativizar y a ser más tolerantes y comprensivos. Y, desde luego, nos hará reír, incluso de nosotros mismos. ¿Y no es esto también muy sensato y saludable?

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