Nuestro uso del agua

El grupo de Biotropía de Madrid hemos dedicado este mes a evaluar nuestro uso del agua, compartiendo cómo lo vivimos, qué nos proponemos y qué dificultades y aciertos hemos encontrado.

Somos conscientes de que nuestro uso del agua no se refiere solo al consumo directo sino también a la huella hídrica, esto es, la cantidad de agua que se gasta en otros productos de consumo, desde la alimentación a la electrónica. Por ejemplo, hacen falta 2.000 litros para producir 1 kg de papel (Una pregunta frecuente es ¿qué es mejor, usar pañuelos de papel que no hace falta lavar o usarlos de tela y tener que lavarlos?); hacen falta 2.700 litros de agua para producir una camiseta de algodón; ¡y 13.000 litros de agua para producir 1 kg de carne de vacuno! La huella hídrica de la población española es 2.325 metros cúbicos por año per capita. Alrededor del 36% de esta huella hídrica se origina fuera de España.

Siendo conscientes de ello, nos centramos en el uso directo del agua y compartimos algunas estrategias que unos y otros ponemos en práctica:
– Muchos tenemos cubos en la cocina y el baño para recoger el agua de fregar o de la ducha hasta que sale caliente y reutilizarla en lugar de la de la cisterna del retrete, para fregar o para regar plantas, en función de lo limpia o sucia que esté. Algunos hemos vivido esto en nuestra infancia, ya que nuestras madres nos han enseñado a ser cuidadosos con el agua. «En mi casa, casi no utilizo la cisterna».
– También hay quien se ducha sobre una palangana que recoge el agua, que luego se usa en la cisterna.
– Algunos se han habituado a cerrar el grifo del agua mientras se enjabonan en la ducha. «Abro el grifo al principio para mojarme y lo cierro a continuación, y lo vuelvo a abrir al final para aclararme». En invierno es más duro –hay quien lo llama “ducha espartana”– pero la cantidad de agua que se utiliza, y el tiempo que empleamos en la ducha, es sensiblemente menor.
– Hay incluso quien ha puesto papelitos recordatorios por la casa (por ejemplo, al lado del grifo de la ducha: “ciérrame cuando te enjabones”).
– Vamos aprendiendo que habitualmente no hace falta ducharse todos los días. Es un cambio de hábito y sobre todo un cambio mental. Al principio pueden surgir reparos, pero con el tiempo descubrimos que esos reparos son más mentales que reales.
– Del mismo modo, vamos aprendiendo que no hace falta lavar la ropa tanto como se nos ha enseñado. «Una prenda de vestir me puede servir para varios días; no tengo por qué meterla en lavadora con un solo uso». Y, por supuesto, poner la lavadora a toda su capacidad.
– Algunos han instalado perlizadores y ecogrifos, que pulverizan el agua y hacen que, siendo el caudal menor, los resultados para lavar sean incluso mejores. De esta manera ahorramos mucha agua. Además, la ecoducha permite lavarse sin jabón, con lo se ahorra aún más agua.
– Hay quien ha cerrado un poco la llave de paso de la casa, disminuyendo la presión del agua.

Y, además de lo que vamos haciendo, ¿cómo nos sentimos? ¿Cómo va cambiando nuestra manera de pensar y de sentirnos, nuestras actitudes?
– Dedicamos un rato jugoso a debatir sobre el hecho de si hace falta ahorrar agua cuando el pantano que abastece la ciudad está rebosando. La conclusión es doble: por una parte, el agua que no pasa por nuestra casa no ha necesitado tratamiento potabilizador ni depurador, con lo que eso nos lo ahorramos todos. Por otra, no es solo el agua que objetivamente dejamos de usar, es también la actitud que tomamos y la satisfacción personal: «aunque sé que en este momento hay agua de sobra en mi ciudad, sigo manteniendo mis hábitos ahorradores, porque eso me ayuda a ser consciente».
– Los cambios en el comportamiento rara vez son bruscos. «Voy acostumbrándome poco a poco y estoy contenta». Aprender a vivir de otra manera lleva tiempo.
– «Intento divulgar estas cosas en mis ambientes. Por ejemplo, en la residencia de mujeres africanas en la que soy voluntaria. Estas mujeres vienen de unos contextos de falta de agua y les parece sencillamente increíble que aquí abramos un grifo y tengamos tanta agua como queramos. Aquí el agua parece inagotable pues el grifo nunca deja de manar a menos que lo cerremos. Por eso, con estas mujeres, la labor de concienciación es difícil».
– «Yo me siento ridícula haciendo estas cosas. Por mucho que yo ahorre no voy a cambiar la situación. Necesitaría cambiar mi forma de vida, empezar a vivir como si no tuviera el agua que tengo.»

Respecto al agua de beber también tenemos un interesante intercambio de actitudes y experiencias.
– «Antes llevaba conmigo una botella de plástico; hace tiempo que la cambié por otra de cristal». Esto es algo frecuente entre nosotros, que también lo hacemos en casa, con las botellas que habitualmente usamos para el agua de beber. De esta manera, no solo evitamos posible microplásticos en el agua que bebemos sino también reducimos los residuos plásticos». Recordamos que hacen falta cinco litros de agua para fabricar una botella de plástico (que contiene, como mucho, un litro de agua, y que se desecha después de su uso).
– Una persona nos muestra la botella de agua que lleva consigo: «Es de un plástico especial, que permite muchos usos sin afectar al agua, y que se puede lavar y reutilizar muchas veces».
– Por supuesto, todos los presentes evitamos comprar agua embotellada.
Filtros eSpring– Cada vez es más normal instalar filtros de agua en casa, incluso en una ciudad como Madrid donde se dice que el agua del grifo es muy buena. «Cuando cambio el filtro del aparato me doy cuenta de todos los residuos y restos de partículas que se han acumulado. ¡Y eso es lo que se ve!»
– «Desde que tengo el filtro en casa, me doy cuenta de que mi cuerpo me pide más agua y tengo más ganas de beber que antes. Y es que, cuando el agua no es buena, el cuerpo pide la justa, pero cuando es agua de calidad, el cuerpo la admite con ganas y me doy cuenta del bien que hace a mi salud».
– Realmente, nos damos cuenta de que la saludabilidad del agua es importante. ¡Nuestro cuerpo es un 70 % agua!

Finalmente, nos hacemos conscientes de que apenas hemos abordado las cuestiones estructurales.
– Detrás del agua embotellada hay un sistema económico que favorece la privatización del agua. «En el pueblo de Segovia donde vivo hay una importante industria de agua mineral, que embotella el agua de un famoso manantial. A la vez, el agua de nuestros grifos es de tan mala calidad que, para beber, muchos vecinos van a llenar garrafas a otro manantial».
– Nos estamos fijando en comportamientos personales, pero deberíamos ser capaces de profundizar más: agua, salud, políticas públicas, privatizaciones del agua, huella hídrica… ¡Todo está relacionado!

Termina la reunión, con satisfacción. Nos damos cuenta de lo que nos ayuda el compartir estas cosas y confirmamos lo bien que nos viene este “grupo de apoyo mutuo”. Unos a otros nos apoyamos y estimulamos, nos damos ideas y nos motivamos. «A mí me da pistas para comprender mejor de dónde viene mi insatisfacción». ¡Sigamos adelante!

Para el próximo mes elegimos el tema de los residuos domésticos, inspirados en el libro “Residuo cero en casa“. Nos proponemos incorporar algún gesto para ir poniendo en práctica durante el mes, que compartiremos en la siguiente reunión, que fijamos para el domingo 18 de febrero.

(Imagen de cabecera: Pixabay)

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