Zonas de sacrificio

Se habla de “zonas de sacrificio” a regiones geográficas que soportan más que su parte justa de los daños relacionados con la contaminación, los desechos tóxicos y la industria pesada. El término procede de las injusticias ambientales que sufrían las comunidades afrodescendientes en la década de 1970 en EEUU, donde se concentraba el acopio, legal e ilegal, de basura. Son las zonas del planeta que más sufren las consecuencias del sistema de extracción, producción y desecho del que nos beneficiamos una minoría de la población mundial.

Aunque no veamos estas zonas periféricas, aunque es larga la distancia, la compasión y el sentimiento de hermandad nos llevan a, como se reza en la cita espiritual más abajo, no olvidarnos de los seres humanos que sufren estas penurias: Sé que no estás lejos, que estás aquí, muy dentro. Amigo mío, hermano mío.

(Foto de Tom Fisk en Pexels)

Resumen de enlaces

En España preocupa que esté lloviendo poco. En otras áreas del mundo la situación es dramática. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU alerta de que la sequía avanza en el Cuerno de África mientras trece millones de personas sufren hambre. Tres temporadas consecutivas de lluvias escasas provocan grandes pérdidas agrícolas y ganaderas en Etiopía, Kenia y Somalia y los pronósticos apuntan a un mayor deterioro de la situación.

Leonardo Boff reflexiona en torno a que La realidad puede ser peor de lo que imaginamos. El calentamiento global es una “emergencia planetaria” que puede devastar gran parte de la vida tal como la conocemos. “¿Alguien se preocupa con este escenario inquietante y amenazador? Casi nadie”. Para revertir esta situación debemos urgentemente crear un lazo afectivo profundo con la naturaleza y con la Tierra y vivir una íntima comunión con ellas.

La reciente Declaración por un sistema alimentario basado en la agroecología y la soberanía alimentaria también se posiciona: “Nos preocupa la situación actual y mirar hacia delante en un contexto de incertidumbre ante un modelo alimentario con cada vez menos gente en el campo y totalmente dependiente de insumos externos y energías limitadas, diseñado con parámetros de acumulación de beneficio y no para ofrecer alimentos saludables a toda la población ni para mantener nuestro mundo rural vivo”.

En esta línea debe considerarse La trampa de la comida barata. La producción de alimentos de forma intensiva abarata los costes, pero se obvia el precio que está pagando la naturaleza por nuestra forma de consumir. Y el nuevo ministro de agricultura de Alemania, Cem Özdemir, tiene un plan polémico que despierta críticas y aplausos: los precios de los alimentos y los productos agrícolas deben subir. “No debe haber más precios basura para los alimentos; llevan a las granjas a la ruina, impiden más bienestar animal, promueven la extinción de especies y contaminan el clima. Quiero cambiar eso”.

En clave educativa Luis González Reyes se pregunta en Escuela Entreculturas: ¿Seguimos educando como si la “normalidad” fuese a volver? “Ante esta avalancha de sucesos excepcionales, cada vez más personas se dan cuenta que no va a existir ninguna ‘nueva normalidad’, sino que lo que nos espera es una ‘continua excepcionalidad’. No podemos educar como si nada de esto estuviese sucediendo, como si el siglo XXI fuese a ser una continuación del XX, cuando está siendo una ruptura radical”.

Seguimos padeciendo los efectos del Covid-19 y ya hay voces, como la del Comité de Redacción de AMF (Actualización en Medicina de Familia, de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria) que piden caminar Hacia el fin de la excepcionalidad. “Ni el sistema de salud ni la sociedad en su conjunto pueden permitirse continuar testando a personas asintomáticas o con síntomas leves y aislando a todos los positivos, con las consecuencias que ello conlleva a nivel social y económico por las bajas laborales masivas de personas sanas. Debemos acabar con la excepcionalidad: la COVID-19 debe ser tratada como el resto de enfermedades. La inmunidad adquirida y la llegada de ómicron así lo permite.”

A propósito de su reciente libro Pandemia y posverdad (16 min), Jordi Pigem ha sido entrevistado en la televisión pública catalana: “Estamos personalizando a los robots y robotizando a las personas. Un mundo donde las personas vamos perdiendo territorio y las máquinas y la tecnología ganan más. Y la pandemia ha servido para acelerar eso todavía más”. (El vídeo original está disponible en la web de TV3. Una versión subtitulada en castellano y publicada en Youtube ha sido censurada por “infringir las normas de la comunidad”. Puede verse en odysee.com)

También fue retirada de Youtube (y posteriormente publicada de nuevo) la intervención del experto en farmacovigilancia Joan Ramón Laporte en la Comisión de investigación de las vacunas del Congreso de los Diputados, el 7 de febrero. Diario 16 ha publicado el texto de dicha intervención.

El portal de Opcions ofrece un artículo sobre Noticias falsas y desinformación: ¿Quién tiene el monopolio de la manipulación informativa? “La amenaza es doble. Necesitamos armas contra las nuevas, y no tan nuevas, formas de manipulación, mentira y falsificación. Pero hacen falta también herramientas para defendernos ante el recorte de libertades y derechos fundamentales que algunas voces reclaman, precisamente, para protegernos del fenómeno de las noticias falsas”.

La cita espiritual. «Nos sentamos a llorar» (versión del salmo 136). Rafael Prieto

Eres lo más querido para mí,
un regalo del cielo.
Me refiero a ti,
amigo mío, hermano mío, mendigo mío, Cristo mío.

Que todo el mundo se me oscurezca,
que todo lo dulce se convierta en amargura,
si yo me olvidara de ti.

Es larga la distancia
y es dura la ausencia.
Estoy enfermo de ti,
no me llega tu calor,
añoro tu mirada expectante y profunda,
deseo escuchar tu palabra encendida
o sentir que me escuchas atenta y sabiamente…

Y me entran ganas de llorar,
con nostalgia de ti.
Se me quitan las ganas de cantar,
porque tú no puedes oírme.
Pero sé que no estás lejos, que estás aquí, muy dentro.

Te aseguro, amigo mío, hermano mío,
mendigo mío, Cristo mío,
que no te olvidaré,
y que no hay nada en este mundo que desee tanto
como gozar de tu presencia.

  1. Buenos días.

    Querida familia Biotrópica.

    Gracias por esta información tan real como muy preocupante.

    Un abrazo lleno de empatía y sororidad.

    Teresa

    Responder

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