¿Quién es mi enemigo?

Charo Rodríguez

¿Quién es mi enemigo? ¿Quién puede desviarme de mi camino, confundirme en mis decisiones, obligarme a hacer lo que no quiero hacer?

¿Quién puede, quién tiene poder para impedirme hacer lo que quiero, lo que sí quiero hacer?

¿Quién puede sujetar mis manos cuando quiero extenderlas, parar mis pies cuando quiero moverlos? ¿Cerrar mi boca cuando quiero hablar o llenarla de palabras prietas y apresuradas cuando quiero callar?

Ahí fuera hay gente creando tormentas de mentiras, ocultando la verdad, pero ¿quién puede impedir que mire y vea…, que me arriesgue a decidir y a equivocarme y a ser consecuente?

Hay gente fabricando sufrimientos, construyendo murallas, inventando dificultades pero, ¿quién puede separarme de mí, separarme de lo que sé es mi bien, pararme cuando quiero andar?

¿Quién puede lograr que vea en ti un ser malvado? ¿Quién puede impedirme que vea tu bondad?
Es alguien que se oculta en la oscuridad, que puede convencerme de todo lo que quiera, incluso de lo que sé es mentira. Basta que me lo diga y yo me lo creo…

¿Quién tiene tanto poder sobre mí?

¡Cómo me gustaría tener un enemigo claro, evidente, concreto!

Alguien a quien poder decir: «¡Tú tienes la culpa! ¡Tú eres el culpable!» Y poder decirlo sin miedo a equivocarme.

Alguien a quien poder tirar tantas piedras acumuladas y descansar siguiendo con mi vida. Sería un descanso fácil. Algunas veces lo he hecho: «¡Tú tienes la culpa!» Pero no ha funcionado. No ha cambiado nada. El mal ha seguido ahí. Y yo no he descansado. Para nada he descansado. Al contrario, aparece un gato furioso en mi estómago arañando sus paredes como loco.

Ese no era mi enemigo, ahí no estaba la causa de mi mal. O al menos no solo ahí.

Y entonces, ¿Quién es mi enemigo? ¿Quién impide que mi vida sea satisfactoria para mí? Sí, hay tormentas de mentiras y sufrimientos inventados innecesarios pero… ¿Qué me impide caminar en esa dirección que me da paz, situarme en esta realidad siendo lo que quiero ser? No es fácil, no. Pero ¿qué me impide hacerlo?

¿Los constructores de mentiras? No. Esos me asustan. ¡Me asustan! Y ese miedo me lleva a retroceder, o a cambiar de dirección. Pero no me detienen. ¿Los constructores de sufrimientos innecesarios? ¡No! Esos me enfurecen. Con esa furia contenida por inútil porque, ¿qué puedo hacer?

¿Qué puedo hacer? En realidad, nunca me he hecho esa pregunta como una pregunta real; siempre era una afirmación negativa: porque no puedo hacer nada.

¿Qué puedo hacer? Esta pregunta abre una puerta enorme… Bueno, quizás no tan enorme, porque algo se está cerrando a la vez en mí…

¡¿Qué puedo hacer?! ¡Qué tontería! ¡No puedo hacer nada!

¿Me voy a complicar la vida llamando ladrones a los que roban, embusteros a los que pienso que engañan, traidores a los que destrozan el bienestar general? Pruebas no tengo… ¿Me voy a complicar la vida para nada?

Pero si hay algo que me dificulta vivir, ¿qué quiero hacer? ¿Poner el cuello y esperar?

¡¿Qué quiero hacer?!

Quizás, la pregunta es esta. No es qué puedo hacer sino: ¿qué quiero hacer? ¿Qué está en mi mano y quiero hacer?

¿Quién es mi enemigo? ¿Qué quiero hacer?


(Imagen: Peggy Marco – Pixabay)

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