En camino

Charo Rodríguez.

Biotropía busca la conversión a una forma de vida que no haga daño. Una vida que vaya del respeto a la compasión, escalando peldaños poco a poco. O bajando peldaños: hay quien dice que no se trata de ser alpinistas sino de ser espeleólogos. De ir bajando a las profundidades de uno mismo. De caminar mirando al propio interior: lo que me mueve y mis motivos para hacer lo que hago; las dos cosas no tienen por qué coincidir.

Distinguir lo que me mueve desde mi profundidad de los motivos que acaban “moviendo” mis decisiones y comportamientos me puede facilitar elegir conscientemente la vida que quiero llevar. Y si me permito elegir respetando mi verdadero ser, dicen, me será más fácil respetar la vida que me rodea.

La dificultad está en los dos lobos que viven en nuestro interior: uno feroz, que no tiene en cuenta más que su propio deseo; el otro compasivo, que tiene en cuenta el derecho a la propia vida de todo lo que forma parte de la vida. La dificultad puede estar cuando nos vemos en la necesidad de elegir el lobo al que fortalecer.

Aquí veo la importancia de ser responsable. Entendiendo Responsabilidad en su significado original: la capacidad de responder. Ser responsable no es cumplir con una obligación, es elegir una respuesta personal y consciente a una situación. No es cargar con la salvación del mundo, es elegir la propia vida. Y si elegimos en coherencia, respetando lo que nos mueve desde nuestro interior, como ese interior no entiende de “yoes” sino de “nosotros”, cuando nos damos cuenta, al cuidar de nosotros mismos nos encontramos cuidando de lo que nos rodea y del lugar en el que vivimos.

Al elegir mi respuesta respetando mi interior, lo que me da satisfacción duradera, cada elección es un paso hacia una vida que no hará daño.




Me enseñaron que hay Otro más fuerte
que mueve los hilos,
que decide la vida.
Y yo me lo creí.
Las ganas que tenía.
Las ganas que tenía de que otro decidiera por mí.

Un día, un tal Francisco
me dio el primer aviso:
“Soy los pies y las manos
y la voz y los ojos,
de aquel que no se ve”.

Y aquello me gustó,
pero no me convenía.

Después, mucho más tarde,
lo repitió mi vida:
“Soy yo la que responde”.
Si algo respondía.

Aún hoy, peinando canas,
sigo en la trampa antigua:
“Yo quiero que sea otro
quien resuelva la vida”.

Es difícil admitir, entre tanto deseo,
tanta limitación,
dejar que todo fluya en cualquier dirección,
mirar tantos dolores sin rendirte al dolor,
sin perder la esperanza,
sin perder el tesón.

Si Dios es poderoso,
¿qué hace que permite?
¿Será que Dios no existe?
¿Qué papel tiene Dios?

Si es dios creador,

¿Será el de crear vida?

¿Y luego?

¿Mantenerla?

¿Y luego?

Y luego sigo yo.
Con todo mi deseo y mi limitación.

(Imagen: Pexels/Pixabay)

  1. “Y luego sigo yo”. Sigo yo, sí… Pero embarcado en una realidad más grande que yo, que lo hace posible…

    “Ser responsable… es elegir la propia vida”.

    Por ahí andamos. Ánimo!!!

    Responder

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